Comentarios a mi viaje a Barna
Después de mis primeros días de estancia en Barcelona voy a hacer unos comentarios. Me hubiera gustado hacerlos en el momento que me surgían, pero no he podido por razones obvias.
El primer comentario es que en Barcelona se puede hablar por móvil en el Metro. O eso dicen. Porque yo ayer fui incapaz. Aunque tenía cobertura, no era capaz de establecer una conexión hasta que salí a la superficie. Probablemente por las interferencias electromagnéticas. De todas formas he averiguado por qué lo han hecho: para cobrar más. Es cierto que son muy tacaños. Pero ellos no se dan cuenta de ese hecho, pero la verdad es que para que te dieran un vaso de agua en cualquier sitio casi les tenías que dar un riñón. El otro día en el Hard Rock, me dijeron que no me daban un vaso de agua. En el Mcdonalds pedí otro y os aseguro que si hubiera pedido un whooper me hubieran mirado mejor. Parece ser que tienen restricciones, pero creo que no es para tanto. ¡Con lo rica que está el agua de Madrid!
En cuanto a la tacañería no sólo se queda en el líquido elemento. Por ejemplo, durante el curso hemos comido en un comedor de empresa. El comedor de mi queridísimo Colegio Mayor era el Palace comparado con el de aquí. Sin embargo ellos lo ven como una solución rápida y barata, ya que en quince minutos estamos fuera. Perdonarme la expresión, pero ¡los cojones!. Lo hacen porque la comida allí cuesta tres euros, y por lo que cuesta invitar a comer a uno, nos invitan a los diez. Yo tomo nota, por si tengo que invitarlos, porque van a ir al Burger King de Tres Olivos en cuanto les tenga que devolver el favor. También es un sitio rápido en el que comemos en seguida. Además nos hacen comer a las 12:30. ¡A las doce y media! Yo porque soy como un odre y puedo comer a cualquier hora, pero ni siquiera tengo hambre yo a esas horas. Como, porque la voy a tener. Y sólo por eso como.
Barcelona me ha sorprendido por las pocas calles que tiene. Son todas tan largas que con 20 calles prácticamente lo han arreglado todo. Claro que aquí se les hunde todo. Y te dicen que el fondo es arenoso. Y en Madrid granítico que cuesta mucho más excavarlo. A parte, me juego mis “narices” que el suelo lleva siendo arenoso lo mismo un millón de años. ¿No lo sabían cuando hicieron el proyecto?
El metro funciona muy bien. El billete es como una sábana pero uno no se puede quejar. Lo que es curioso es que hay menos inmigrantes. De todas formas, los chinos, para evitar multas rotulan en catalán. Me hubiera gustado también que se hiciera en los medios alguna referencia al longines de oro (o al menos dorado) que luce el candidato de Iniciativa por Cataluña-Los verdes en el cartel electoral.¡Pero cómo le gusta el lujo a estos de izquierdas!
En cuanto al tema lingüístico no he tenido ningún problema. Bueno solo con la típica sinvergüenza que no te quiere hablar en español, pero el resto hace una muestra de bilingüismo loable, y que me ha hecho, a mí, a Barión, más de una vez decir: “Bona nit” o “Moltes gràcies”. Sí, no estoy mintiendo, pero ya sabéis que me gusta aprender el idioma de allí por donde voy. Por lo que creo que al igual que en Galicia el problema del idioma es un problema creado y no real. A parte de que oyes a muchísima gente con acento andaluz y extremeño, lo cual te hace pensar acerca de la “catalanidad” de los energúmenos, los que se ven catalanes de toda la vida, son los menos reacios, y más dispuestos a cambiar al castellano. Por eso creo que es un problema creado. Luego no tienen ni luz, ni agua, (gas sí, porque Franco les cedió el monopolio nacional) ni transportes, pero eso sí, hasta los chinos rotulan en catalán.
La Barcelona moderna no me pareció nada del otro mundo. Con excepción de la Sagrada Familia, que es precisamente del otro mundo. Una pena que no sean capaces de acabarla, porque entonces me atrevería decir, que en mi humilde criterio sería la catedral más bonita del mundo. Por sus formas fluidas y por el conocimiento del místico Gaudí de las Sagradas Escrituras, la hacen una obra maestra. No como esa cosa sin originalidad que es la Almudena. En la capital del país de las catedrales, era mejor no tener nada que tener eso. Parece que la han comprado en la tienda de catedrales prefabricadas.¡Qué cosa más insulsa! Claro que Madrid no tenía el dinero de la dictadura franquista para construir nada.
Pero la Barcelona moderna no es nada del otro jueves. No he estado en Kansas City o en Utah y seguro que es más bonita que ellas, pero nada del otro jueves en España. Pero la antigua es harina de otro costal, es muy bonita. Esas callejuelas, llenas de encanto. Esos edificios cuidados y en muy buen estado. La Generalidad, en un estado en el que el Mayordomo de la tele se podía meter el algodón por donde le cupiera porque estaba en impresionante estado de revista. Santa María del Mar, famosa ahora por el libro, es una muestra de por qué los antiguos no eran tontos. La Iglesia tiene unos muros inmensos reforzados. Ellos ya se encontraron con el fondo arenoso de Barcelona. ¡Qué casualidad que no se les haya hundido!
Me acaban de decir que Barcelona está llena de radares que se ceban a multar, porque tráfico está transferido a la Generalidad, y evidentemente si no te dan un vaso de agua en un bar., ¡te van a perdonar una multa!
Pero bueno, tengo unas ganas de volver a Madrid. En estos días me he dado cuenta que por minutos soy más madrileño. Puede ser más fea, menos cool, o menos europea. Pero mi Gran Vía, llena de Cines, musicales, transexuales y mujeres liberales no la cambio por nada. Porque dar una vuelta por el paseo que el mejor alcalde de Madrid y mejor rey Borbón, bajo la maravillosa luz de Madrid, es casi un regalo de Dios. Porque nosotros no tenemos maremagnum, y al llegar agosto y el verano, no tenemos playa; pero la luz que tiene Madrid, incluso la mañana más gélida de invierno, marca el carácter del habitante de esta urbe abierta al mundo: Acogedores, alegres, simpáticos y dinámicos.
Esa puestas de sol en las vistillas, esa sierra que nos da de beber, y nos protege del calor en verano, ese parque del Retiro con estatua a Satán incluida, el pueblo del que cada uno es, también forma parte del Madrid. El Escorial, el Valle de los Caídos, el Prado, Chinchón, Aranjuez, la Granja, Recoletos, Castellana, la bola del mundo, los Jerónimos, el Thyssen de la inefable baronesa, la Plaza Mayor con sus bocatas de calamares, el nuevo aeropuerto, las torres inclinadas del pelotazo de los Albertos, la Puerta de Alcalá, el Palacio de Oriente, todos protegidos por la diosa romana Cibeles. Diosa a la que las sacerdotisas de la primigenia Roma rendían pleitesía, y a la que ahora los más blancos del deporte rey le van a agradecer sus títulos.
Por todo esto y lo que dejo en el tintero electrónico, diría como dicen los castizos: “ De Madrid al cielo”








